¿Quiénes somos?

Presentación

Grupo Icarus S.A. de C.V. es una empresa con 13 años de ofrecer servicios de desarrollo de software a medida, así como integrar servicios como soporte técnico y otros de Internet, como servidores, dominios y hosting. Nuestro equipo está conformado exclusivamente de ingenieros de carrera, algunos en Sistemas Computacionales y otros en Electrónica, y ellos son los que conforman los departamentos donde se llevan a cabo las tareas que finalmente se traducen en servicios y productos. Contamos con una amplia cartera de clientes, entre los que se encuentran los principales organismos y empresas privadas del Estado. Estamos ubicados en Campeche, Campeche, México, con la capacidad de atender a clientes en otras zonas geográficas ya sea por medios virtuales o bien desplazarnos físicamente. Somos una marca registrada ante el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial).

Misión

Ofrecemos a las MIPYMES y Organizaciones gubernamentales en México el desarrollo de software y la integración de soluciones en tecnologías de información ofertando una mejor relación costo/beneficio, procurando incrementar su competitividad, innovación y mejora continua, distinguiéndonos por ofrecer un servicio de calidad, sustentabilidad en el negocio, oportunidades para el desarrollo profesional y personal de sus colaboradores y una contribución positiva a la sociedad, siempre basados en la razón y pasión por nuestro trabajo.

Visión

Ser una empresa plenamente identificada por el sector de las MIPYMES en México como una empresa seria, profesional y responsable, que brinde el servicio de desarrollo de software e integración de soluciones en tecnologías de información, distinguiéndose por su honestidad, profesionalismo, calidad, sustentabilidad en el negocio y respeto por su tiempo.

¿Porqué el nombre de Grupo Icarus?

En la mitología griega, Ícaro (en griego καρος – Ikaros) es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta, y de una esclava. Fue encarcelado junto a él en una torre de Creta por el rey de la isla, Minos.

Dédalo consiguió escapar de su prisión, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros, y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado. Dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas y añadiendo otras cada vez más largas, para formar así una superficie mayor. Aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Ícaro, su hijo, observaba a su padre y a veces corría a recoger del suelo las plumas que el viento se había llevado, y tomando cera la trabajaba con sus dedos, entorpeciendo con sus juegos la labor de su padre.

Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Entonces padre e hijo echaron a volar.

Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar del mar en el que Ícaro había caído Icaria en su memoria. Dédalo llegó sano y salvo a Sicilia bajo el cuidado del rey Cócalo, donde construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios.

Basados en esta historia nos surge la idea de nombrar a la empresa como Icarus, esto como respuesta a la necesidad del grupo que conformamos de querer siempre ir más lejos, a sabiendas de los riesgos que puedan presentarse.

Y es que con el breve relato de esta historia nos deja la enseñanza de no querer ir tan alto como nuestras capacidades y limitaciones lo permitan, ni tan bajo como nuestro agotamiento y desilusión nos obliguen. Que la constancia, la paciencia, el trabajo en grupo, y los valores definidos en nuestra misión empresarial nos permitan avanzar hacia el crecimiento personal y profesional.